Demoremos los besos sobre un ocaso.
Demoremos las despedidas de la mano de un paciente amanecer.
Demoremos la noche y sus estrellas.
Que se sostenga tu mirar y mi mirar en un tiempo sin segundos.
Que descansen mil mariposas sobre tu vientre.
Demoremos¬† en nuestros recuerdos los oto√Īos felices.
Demoremos los abrazos, las palabras dulces, la contemplación a una belleza sin tiempo.
Demoremos lo m√°s importante en esta Vida.
Demoremos el Amor.

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Ciclo.

‚ÄúEsta nevando‚ÄĚ, dijo ella.

 

‚ÄúSi‚ÄĚ, contesto el, secamente, como sino hubiese escuchado.

 

Copiosamente nevaba. Cl√°sico en esta √©poca del a√Īo. Pero curioso que sin importar la estaci√≥n del a√Īo, en ese hogar, en esas habitaciones, el fri√≥ se hab√≠a instalado y hab√≠a decidido instalarse para siempre.

 

Encendió un cigarrillo, mientras miraba sin mirar, sentado, pensando sin intenciones de pensar, pero era inevitable.

 

Ella lo hab√≠a planteado, ella hab√≠a tenido el coraje para enfrentar la situaci√≥n y dejar salir palabras indeseables: ‚Äú¬ŅQu√© nos esta pasando?‚ÄĚ

 

Lejanas las épocas de besos en cada esquina. Distantes las escenas de pasión en cada habitación.

 

El la miro, sorprendido, no por las palabras, no por la pregunta, sino por la hora del día en el que ella había lanzado esa artillería. No se porque, pero uno siempre aguarda la noche para esos planteos, quizás el silencio y la oscuridad, sean cómplices perfectos.

 

Baj√≥ la mirada como buscando palabras, baj√≥ la mirada como sintiendo verg√ľenza.

 

Por que él sabia del problema, era consciente, pero creía que el silencio era lo mejor, creía que ya iba a pasar, como cualquier dolencia que sufre el cuerpo, pero este dolor venia desde otro lugar, el corazón y el alma.

 

Reino el silencio, hasta que ella lo increp√≥: ‚ÄúContest√°!!!‚ÄĚ

 

Absorto solo dijo: ‚ÄúNo lo se‚ÄĚ. Ella ri√≥.

 

Tomo el silencio nuevamente su lugar.

 

El sentado, descansado las manos sobre la mesa y ella parada mirando por la ventana, ambos sin pronunciar palabra.

 

Se miraron y ella comenzó a llorar.

 

Los dos sabían que no existían terceras personas, jamás ninguno de los dos lo había preguntado, simplemente lo sabían.

 

Quizás sea el momento más crítico para una pareja.

 

Un enga√Īo se perdona, se repara en cierto sentido, pero la fuga de amor no tiene soluci√≥n, lo sab√≠an.

 

El quiso consolarla, rodeándola con sus brazos, pero ella lo rechazó.

 

Afuera la nieve aumentaba su intensidad, adentro todo estaba destruido.

 

Se miraron, se dieron un beso peque√Īo, diminuto, amargo.

 

El amor había partido.

 

Las palabras estaban de m√°s.

 

Los corazones miraban en direcciones opuestas.

 

Todo había terminado donde el amor había sido tan grandioso, un ciclo había concluido.